|
MICROCUENTOS
©
Raúl López
El iPOD nuevo
Los padres de Julia, su novia, le
habían regalado un iPOD de última generación, un
prototipo exclusivo conseguido en un viaje a China.
Reproducía música, fotografiaba,
filmaba y montaba videos; se conectaba a Internet
para transferir archivos o mensajes, ver películas o
jugar en línea con otros usuarios.
Interpretaba impulsos emitidos por el
cerebro; estas ondas, si entrenadas, podían marcar
números de teléfono, o escribir en el teclado sin
mover los dedos.
Se abría un nuevo universo; un
programa o aplicativo corriendo en ese aparato podía
abrir una puerta, encender una luz o un motor.
Tecnología accesible por primera vez
a nivel personal para la comunicación mental; la
asistencia a la discapacidad física era una de sus
muchas aplicaciones.
Como teléfono, se conectaba a
cualquier operador emulando todos los modelos de
terminal. Tenía otras funciones todavía
desconocidas; era tan novedoso que no había sido
lanzado mundialmente y solo venía con menú en chino.
En la borrosa fotocopia de un
confuso manual, solo se entendía bien el nombre:
iPOD Dreams, "el iPOD de tus sueños".
Sus conocimientos de chino le
permitieron descifrar: "auriculares", "grabación",
"manejo por interfase de onda cerebral dinámica",
"realizar el video que siempre soñó", "crear
publicidad para Internet siempre y como quiera" y
"alta compresión de datos".
Leía en voz alta las instrucciones
como un fiel más de la nueva religión: la de los que
comprendían que los dioses de la nueva economía
mundial hablaban chino.
Abandonó la lectura, ya aprendería
todas sus funciones sobre la marcha.
Esa semana debía viajar fuera del
país, presentando los videojuegos eróticos que él
mismo diseñaba y programaba. También eran suyos los
audaces videos promocionales que se exhibían en
Internet.
Por la noche en el hotel, entre los
archivos del iPOD descubrió videos y fotos del viaje
realizado por sus suegros. Tomas impresionantes de
La Gran Muralla, de la plaza de Tiananmen, de la
atractiva madre de Julia posando desnuda para su
marido; torpe en informática pero afortunado en el
sexo y el amor.
La señora, con todos los respetos, no
tenía nada que envidiar a su hija o a cualquier
jovencita. Su belleza tenía el esplendor de una
mujer en la plenitud; una sutil aura de madurez
enmarcaba una sensualidad irresistible.
Excitado, con algo de culpa y mucha
pena, eliminó todos los archivos y formateó las
carpetas sin dejar rastro; luego se calmó escuchando
música en su nuevo juguete, con los alucinantes
auriculares de sonido envolvente. La "interfase de
onda cerebral dinámica" conectaba con su cerebro sin
pasar por los oídos.
Para alejar el síndrome de Mrs.
Robinson, pensó en su novia; pero ahora, la belleza
del cuerpo de Julia, en cada detalle evocaba
inquietantemente la imagen de su madre. Envuelto en
sus fantasías, se durmió.
Al despertar, su pijama húmedo era
testigo de una noche de desbocados sueños eróticos,
en los que había hecho el amor con su novia y con su
suegra alternadamente, grupalmente…, más bien
demencialmente.
El iPOD Dreams en el suelo, conectado
a Internet por obra de algún manotazo, le hizo
pensar en la factura telefónica que le caería y en
descubrir la forma de bloquear el teclado. Se había
dormido con los auriculares en las orejas que ahora
le dolían, y el cable enrollado en su cuello
amenazaba ahorcarlo.
El aparatejo en cuestión, involucrado
en tan oscuras pasiones, agotó sus baterías y dejó
de funcionar. Hasta el día del viaje de vuelta,
cuando entró el mensaje de su socio y amigo tras
unos días de incomunicación: “Maestro, geniales,
osados tus videos porno publicados en Internet,
llevan millones de visitas, eres el puto amo.
Jorge.”
-¿De que video habla este colgado?–
sólo las demo de los videojuegos, publicadas en
Internet la semana anterior, podrían estar pasadas
de tono. Intentó contactar con Jorge pero el iPOD se
negó, como una criatura con voluntad propia.
Al llegar a su casa vio el coche de
Julia aparcado y a ella sentada en el escalón de la
puerta de entrada. -Vino a esperarme mi reina, me
echó de menos tanto como yo a ella; este fin de
semana solo haremos el amor y no saldremos a la
calle, va a ser fantástico – se dijo a sí mismo,
enamorado y feliz.
Al salir del coche y girarse, un
rodillazo en los huevos lo hizo caer al suelo
retorciéndose de dolor.
-¡Hijo de puta, has subido a Internet
videos follando conmigo y con mi madre; asqueroso
pervertido, la has drogado y seducido, porque ella
jura que no recuerda nada!
Si realmente dominase el chino y el
manual no fuese una fotocopia tan borrosa, donde
leyó: "con iPOD Dreams grabe el video que siempre
soñó, … suba videos a Internet con un botón",
habría leído: " con iPOD Dreams podrá grabar
en video sus propios sueños, y publicarlos en
Internet con un solo botón".
FIN
La ciudad se va
- El cierzo arrastrará la ciudad río
abajo hacia el mar - dijo el poeta callejero en el
televisor.
Javier subió el volumen para no oír
la discusión de sus padres en la cocina; aún así,
pudo escuchar el violento portazo que dio el hombre
al salir.
- Hoy soplará muy fuerte el viento
en Zaragoza - concluyó la periodista; detrás de
ella, la fuerza del aire agitaba los árboles.
- Baja el volumen hijo, que parece
que estuviéramos todos sordos – le regañó su madre.
El niño apagó el televisor antes de
que ella pudiera enterarse de lo mal que pintaba el
tiempo y no lo dejase salir a la calle.
- Mami, ¿Papá volverá?
- Si encuentra el camino de vuelta,
sí.
Javier adivinó que su madre intentaba
contener el llanto. Salió a encontrar a su amigo el
duende en el lugar de siempre, en la plaza frente a
su casa.
Los chuchos atados al carrito del
supermercado, festejaron perrunamente su llegada y
la comida que les llevaba como cada día.
Llorando, contó todo y explicó su
temor: si el viento se llevaba calles y casas, su
padre no podría volver.
– No temas Javi, mis perros son tus
amigos y tienen poderes mágicos. Esta noche debajo
del puente, tirarán con sus cuerdas de los pilares y
la ciudad no se moverá – dijo el duende.
Esa noche Javier no se durmió hasta
oír las llaves de su padre en la puerta de entrada,
cuando el murmullo de besos y disculpas, acalló a un
cierzo vencido por la magia.
FIN
Raúl.López./2011
Cuando ella lo dejó
- Te dejo - dijo.
Él la miró, no quería entender lo que
había escuchado; solo podía pensar en lo hermosa que
era y en cuanto la amaba. El pánico comenzó a
dominarlo, como el que a veces sentía haciendo su
trabajo de buzo profesional, a sesenta metros bajo
la superficie, rodeado de oscuridad.
Ella no esperó su reacción, levantó
su bolso y se dirigió hacia la puerta de la casa
dispuesta a marcharse.
Intentó detenerla, gritó su nombre,
ella corrió hacia la escalera y tropezó; cayó
rodando y antes del último peldaño ya había muerto.
Él perdió la noción del tiempo; se quedó sentado en
el suelo, mirándola, como esperando que fuese de
verdad una diosa que podía resucitar en cualquier
momento.
La incredulidad y desesperación
dieron paso por fin al pensamiento racional, el
mismo con el que vencía al terror que lo asaltaba en
las profundidades. Sabía que nadie creería en su
inocencia, debía desprenderse del cuerpo y olvidarlo
todo.
Optó por la forma más segura. La dejó
atada a unos hierros en el fondo del puerto viejo
donde nunca la encontrarían, los peces y cangrejos
borrarían todo rastro con el tiempo.
Fue su última inmersión; dejó el
trabajo. La idea de volver a sumergirse en aquel mar
que ahora descomponía su cuerpo lo aterraba. Yacía
borracho sobre el sofá o la cama, entre botellas
vacías y restos de comida. En sueños volvía al fondo
del puerto a buscarla, pero no la encontraba.
Al tiempo tocaron el timbre. Se
levantó como pudo; abrió y era ella, deslumbrante.
- Quiero volver…- dijo.
- Pasa - .
La policía, avisada por unos vecinos
alarmados por el mal olor, encontró el cadáver de él
en la bañera.
El forense certificó: "…muerte por
asfixia con pulmones colapsados por vodka y agua".
Omitió mencionar que era agua de mar, contaminada
por residuos orgánicos e hidrocarburos, como la
encontrada habitualmente en el puerto. Prefería
cerrar sin complicaciones su último caso antes de
jubilarse.
FIN
R.L. Agosto/2009
Una plaza con palomas
El repetido zureo de los palomas a
su alrededor le estaba volviendo loco…, además se
sentía débil, no comía desde que había llegado.
A los habituales de la plaza les
molestaban los foráneos como él, no les importaba lo
que había sufrido viniendo de tan lejos, de una
miseria tan cruel, y aquí había tanta abundancia…
No era una cuestión de su color,
había visto como despreciaban a blancos y negros. Él
mismo no era lo uno ni lo otro, era marrón con
manchas blancas y patitas negras, un gato hambriento
saltando sobre una paloma que se había puesto a su
alcance.
La atrapó por el cuello y se la
llevó a la seguridad de los techos, por fin tenía
una porción de tanta riqueza.
Antes de degustar su primer
bocado, maulló en recuerdo de los que no habían
tenido tanta suerte como él.
FIN
R.L. Julio/2009
El viaje de vuelta
Ella miraba un paisaje anodino por la
ventanilla y el conducía; si no fuese por la música,
sus pensamientos se oirían por sobre el ruido del
motor.
Ese fin de semana en la montaña había
fracasado otro intento de reconducir su vida en
común; los lazos que los unían sucumbían ante el
hastío y los reproches compartidos.
Uno de los dos diría, antes de llegar
a casa, que debían separarse; el otro asentiría
aliviado por no tener que proponerlo.
Los dos recordarían, antes de ese
punto y final, que treinta años atrás, en otra
carretera y en un trayecto similar, pararon el coche
en un desvío lateral y se persiguieron por un campo
de trigo maduro. Impacientes por llegar a una cama,
locos de deseo, hicieron el amor como desesperados
sobre un improvisado colchón de espigas doradas.
FIN
R.L. Abril/2009
|