II Recital de narrativa "SéBreve"

   Zaragoza 24 de septiembre de 2011

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MICROCUENTOS

 

© Raúl López

 

 

El iPOD nuevo

 

Los padres de Julia, su novia, le habían regalado un iPOD de última generación, un prototipo exclusivo conseguido en un viaje a China.

Reproducía música, fotografiaba, filmaba y  montaba videos; se conectaba a Internet para transferir archivos o mensajes, ver películas o jugar en línea con otros usuarios.

Interpretaba impulsos emitidos por el cerebro; estas ondas, si entrenadas, podían marcar números de teléfono, o escribir en el teclado sin mover los dedos.

Se abría un nuevo universo; un programa o aplicativo corriendo en ese aparato podía abrir una puerta, encender una luz o un motor.

Tecnología accesible por primera vez a nivel personal para la comunicación mental;  la asistencia a la discapacidad física era una de sus muchas aplicaciones.

Como teléfono, se conectaba a cualquier operador emulando todos los modelos de terminal. Tenía otras funciones todavía desconocidas; era tan novedoso que no había sido lanzado mundialmente y solo venía con menú en chino.

 En la borrosa fotocopia de un confuso manual, solo se entendía bien el nombre: iPOD Dreams, "el iPOD de tus sueños".

Sus conocimientos de chino le permitieron descifrar: "auriculares",  "grabación", "manejo por interfase de onda cerebral dinámica", "realizar el video que siempre soñó", "crear publicidad para Internet siempre y como quiera" y "alta compresión de datos".

Leía en voz alta las instrucciones como un fiel más de la nueva religión: la de los que comprendían que los dioses de la nueva economía mundial hablaban chino.

Abandonó la lectura, ya aprendería todas sus funciones sobre la marcha.

Esa semana debía viajar fuera del país, presentando los videojuegos eróticos que él mismo diseñaba y programaba. También eran suyos los audaces videos promocionales que se exhibían en Internet.

Por la noche en el hotel, entre los archivos del iPOD descubrió videos y fotos del viaje realizado por sus suegros. Tomas impresionantes de La Gran Muralla, de la plaza de Tiananmen, de la atractiva madre de Julia posando desnuda para su marido; torpe en informática pero afortunado en el sexo y el amor.

La señora, con todos los respetos, no tenía nada que envidiar a su hija o a cualquier jovencita. Su belleza tenía el esplendor de una mujer en la plenitud; una sutil aura de madurez enmarcaba una sensualidad irresistible.

Excitado, con algo de culpa y mucha pena, eliminó todos los archivos y formateó las carpetas sin dejar rastro; luego se calmó escuchando música en su nuevo juguete, con los alucinantes auriculares de sonido envolvente. La "interfase de onda cerebral dinámica" conectaba con su cerebro sin pasar por los oídos.

Para alejar el síndrome de Mrs. Robinson, pensó en su novia; pero ahora, la belleza del cuerpo de Julia, en cada detalle evocaba inquietantemente la imagen de su madre. Envuelto en sus fantasías, se durmió.

Al despertar, su pijama húmedo era testigo de una noche de desbocados sueños eróticos, en los que había hecho el amor con su novia y con su suegra alternadamente, grupalmente…, más bien demencialmente.

El iPOD Dreams en el suelo, conectado a Internet por obra de algún manotazo, le hizo pensar en la factura telefónica que le caería y en descubrir la forma de bloquear el teclado. Se había dormido con los auriculares en las orejas que ahora le dolían, y el cable enrollado en su cuello amenazaba ahorcarlo.

El aparatejo en cuestión, involucrado en tan oscuras pasiones, agotó sus baterías y dejó de funcionar. Hasta el día del viaje de vuelta, cuando entró el mensaje de su socio y amigo tras unos días de incomunicación: “Maestro, geniales, osados tus videos porno publicados en Internet, llevan millones de visitas, eres el puto amo. Jorge.”

-¿De que video habla este colgado?– sólo las demo de los videojuegos, publicadas en Internet la semana anterior, podrían estar pasadas de tono. Intentó contactar con Jorge pero el iPOD se negó, como una criatura con voluntad propia.

Al llegar a su casa vio el coche de Julia aparcado y a ella sentada en el escalón de la puerta de entrada. -Vino a esperarme mi reina, me echó de menos tanto como yo a ella; este fin de semana solo haremos el amor y no saldremos a la calle, va a ser fantástico – se dijo a sí mismo, enamorado y feliz.

Al salir del coche y girarse, un rodillazo en los huevos lo hizo caer al suelo retorciéndose de dolor.

-¡Hijo de puta, has subido a Internet videos follando conmigo y con mi madre; asqueroso pervertido, la has drogado y seducido, porque ella jura que no recuerda nada!

Si realmente dominase el chino y el manual no fuese una fotocopia tan borrosa, donde leyó: "con iPOD Dreams grabe el video que siempre soñó, … suba  videos a Internet con un botón", habría leído: " con iPOD Dreams podrá grabar en video sus propios sueños, y publicarlos en Internet con un solo botón".

FIN     

 

La ciudad se va

 

- El cierzo arrastrará la ciudad río abajo hacia el mar - dijo el poeta callejero en el televisor.

Javier subió el volumen para no oír la discusión de sus padres en la cocina; aún así, pudo escuchar el violento portazo que dio el hombre al salir.

 - Hoy soplará muy fuerte el viento en Zaragoza - concluyó la periodista; detrás de ella, la fuerza del aire agitaba los árboles.

- Baja el volumen hijo, que parece que estuviéramos todos sordos – le regañó su madre.

El niño apagó el televisor antes de que ella pudiera enterarse de lo mal que pintaba el tiempo y no lo dejase salir a la calle.

- Mami, ¿Papá volverá?

- Si encuentra el camino de vuelta, sí.

Javier adivinó que su madre intentaba contener el llanto. Salió a encontrar a su amigo el duende en el lugar de siempre, en la plaza frente a su casa.

Los chuchos atados al carrito del supermercado, festejaron perrunamente su llegada y la comida que les llevaba como cada día.

Llorando, contó todo y explicó su temor: si el viento se llevaba calles y casas, su padre no podría volver.

– No temas Javi, mis perros son tus amigos y tienen poderes mágicos. Esta noche debajo del puente, tirarán con sus cuerdas de los pilares y la ciudad no se moverá – dijo el duende.

Esa noche Javier no se durmió hasta oír las llaves de su padre en la puerta de entrada, cuando el murmullo de besos y disculpas, acalló a un cierzo vencido por la magia.

 

FIN

 

Raúl.López./2011

 

Cuando ella lo dejó

 

- Te dejo - dijo.

Él la miró, no quería entender lo que había escuchado; solo podía pensar en lo hermosa que era y en cuanto la amaba. El pánico comenzó a dominarlo, como el que a veces sentía haciendo su trabajo de buzo profesional, a sesenta metros bajo la superficie, rodeado de oscuridad.

Ella no esperó su reacción, levantó su bolso y se dirigió hacia la puerta de la casa dispuesta a marcharse.

Intentó detenerla, gritó su nombre, ella corrió hacia la escalera y tropezó; cayó rodando y antes del último peldaño ya había muerto. Él perdió la noción del tiempo; se quedó sentado en el suelo, mirándola, como esperando que fuese de verdad una diosa que podía resucitar en cualquier momento.

La incredulidad y desesperación dieron paso por fin al pensamiento racional, el mismo con el que vencía al terror que lo asaltaba en las profundidades. Sabía que nadie creería en su inocencia, debía desprenderse del cuerpo y olvidarlo todo.

Optó por la forma más segura. La dejó atada a unos hierros en el fondo del puerto viejo donde nunca la encontrarían, los peces y cangrejos borrarían todo rastro con el tiempo.

Fue su última inmersión; dejó el trabajo. La idea de volver a sumergirse en aquel mar que ahora descomponía su cuerpo lo aterraba. Yacía borracho sobre el sofá o la cama, entre botellas vacías y restos de comida. En sueños volvía al fondo del puerto a buscarla, pero no la encontraba.

Al tiempo tocaron el timbre. Se levantó como pudo; abrió y era ella, deslumbrante.

- Quiero volver…- dijo.

- Pasa - .

La policía, avisada por unos vecinos alarmados por el mal olor, encontró el cadáver de él en la bañera.

El forense certificó: "…muerte por asfixia con pulmones colapsados por vodka y agua". Omitió mencionar que era agua de mar, contaminada por residuos orgánicos e hidrocarburos, como la encontrada habitualmente en el puerto.  Prefería cerrar sin complicaciones su último caso antes de jubilarse.

FIN

R.L. Agosto/2009

 

Una plaza con palomas

   El repetido zureo de los palomas a su alrededor le estaba volviendo loco…, además se sentía débil, no comía desde que había llegado.

   A los habituales de la plaza les molestaban los foráneos como él, no les importaba lo que había sufrido viniendo de tan lejos, de una miseria tan cruel, y aquí había tanta abundancia…

   No era una cuestión de su color, había visto como despreciaban a blancos y negros. Él mismo no era lo uno ni lo otro, era marrón con manchas blancas y patitas negras, un gato hambriento saltando sobre una paloma que se había puesto a su alcance.

   La atrapó por el cuello y se la llevó a la seguridad de los techos, por fin tenía una porción de tanta riqueza.

   Antes de degustar su primer bocado, maulló en recuerdo de los que no habían tenido tanta suerte como él.

FIN

 

R.L. Julio/2009

 

El viaje de vuelta

 

Ella miraba un paisaje anodino por la ventanilla y el conducía; si no fuese por la música, sus pensamientos se oirían por sobre el ruido del motor.

Ese fin de semana en la montaña había fracasado otro intento de reconducir su vida en común; los lazos que los unían sucumbían ante el hastío y los reproches compartidos.

Uno de los dos diría, antes de llegar a casa, que debían separarse; el otro asentiría aliviado por no tener que proponerlo.

Los dos recordarían, antes de ese punto y final, que treinta años atrás, en otra carretera y en un trayecto similar, pararon el coche en un desvío lateral y se persiguieron por un campo de trigo maduro. Impacientes por llegar a una cama, locos de deseo, hicieron el amor como desesperados sobre un improvisado colchón de espigas doradas.

FIN

R.L. Abril/2009



 

 

 

 

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