II Recital de narrativa "SéBreve"

   Zaragoza 24 de septiembre de 2011

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CALIDO BOCHORNO 

 

© Núria Nuibó

 

Hacia tres meses que Manuel vivía solo en la vieja casa de campo que había heredado de sus padres.

El sofocante calor de aquel verano le mantenía enclaustrado entre aquellas gruesas paredes, pasando largas horas sentado en la mecedora, cerca de la pequeña ventana, con la única compañía de los  libros que recuperaba del antiguo baúl del desván.

Cuando la despensa quedaba vacía Manuel bajaba al pueblo a primera hora de la mañana, tomaba un café en el pequeño bar, leía la prensa y salía presto a la tienda de ultramarinos para abastecerse de todo aquello que podía conservarse sin frigorífico.

 

Una tarde de cálido bochorno, ese suave viento del sureste que llena de calima el ambiente, cuando Manuel volvía de refrescarse de la acequia, una esbelta figura le esperaba delante del portal. Era ella, con un ligero vestido blanco de lino, la piel bronceada, sus  cabellos negro azabache y aquellos penetrantes ojos verdes.

No hubo palabras. Enloquecidos de deseo revivieron momentos de éxtasis enmudeciendo el chirriar  del viejo somier. Al anochecer, empapados de sudor, como habían hecho en aquellos calientes veranos de noviazgo, desnudos de cuerpo y libres de espíritu, salieron a bañarse a la luz de la luna.

 

Encima de la ennegrecida mesa de piedra del porche les esperaba un gran sobre  con un pliego de papeles.

Después de firmar el divorcio de mutuo acuerdo, se despidieron con una sonrisa de complicidad.

Volverían a encontrarse, no se soportaban pero se deseaban con locura.

Aquel verano en el pequeño pueblo tuvieron tema de conversación.

 19/9/2011

 

  

 

PRIMER Y ÚLTIMO VIAJE

 

© Núria Nuibó

 

Es el primer viaje que hace Ana desde que tiene documento de conducir.

Sus padres, muy a pesar suyo, han aceptado la férrea decisión de irse sola y aunque confían en su prudencia no han cesado de darle consejos hasta el último momento, expresándole en el último abrazo el deseo de que llame pronto y les comunique cuando podrán ir a visitarla.

 

Lleva solo lo imprescindible, sabe que las monjas clarisas han hecho votos de pobreza, pero sí que lleva un pequeño paquete para regalar a una persona muy especial

Hará el viaje sin entretenerse, a medio, camino un bocadillo, llamará a sus padres y continuará, quiere llegar a primera hora de la tarde.

Cuanto más se acerca al convento, más intranquila se siente. Después de haber concretado día y hora  con la Madre Superiora, sabiendo que las normas de convento son muy estrictas, quiere ser puntual.

Son las cuatro de la tarde, ha dejado el coche en la pequeña plaza del convento, su corazón late deprisa, le tiemblan las piernas. ¡Ha esperado tantos años!

 

Desde que tiene uso de razón que lo ha deseado. Durante años, sus padres han estado convenciéndola que todavía no era el momento, ahora ya no han podido impedírselo.

Ella sola ha cumplimentado todo el proceso para ingresar en la Orden de las Clarisas de este antiguo convento, a sus padres, resignados, solo les resta rezar para que su hija sea feliz. Y lo será, Ana está convencida, sabe que solo aquí encontrará la luz.

 

El corazón vuelve a su ritmo, tranquila y con paso decidido se acerca a la gran portalada. El sonido chirriante del timbre le hace prever la austeridad, desde detrás de una pequeña reja, una suave voz, después del Ave Maria, le pregunta  su nombre.

El sordo gemido de la vieja puerta al abrirse queda silenciado con la dulce sonrisa de la hermana que con paso tranquilo la acompaña hasta el despacho de la Superiora.

La entrevista ha sido agradable, Ana ya estaba al corriente de las normas del convento. Antes de asignarle su celda,  pide un único deseo, conocer a la hermana Concepción.

 

Al encontrarse sus corazones laten al unísono, las dos esperaban este momento con un extraño temor. Madre e hija se funden en un largo abrazo. Ana le da a su madre aquella pequeña caja que sus padres adoptivos habían guardado tanto tiempo, dentro de ella, una fina cadena y una pequeña medalla de Santa Clara con la inscripción "Hermana Concepción"

 

Desde ahora ya nada ni nadie las separará.

 

  19/9/2011

 

 

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