|
EL TREPA
©
Carmen Molinero
Me abrazas, y a
continuación me ofreces tu mano generosa de poner en
el fuego por otros. Me doy cuenta porque está
abrasada, y transmite la calidez propia de la buena
gente.
Mantengo mi mano
enlazada a la tuya y hago como que me intereso por
tus quemaduras: Observo tus dedos socarrados, la
palma ennegrecida, el dorso chamuscado…
Te miro, y me
sonríes con franqueza quitándole importancia al
tema.
-Bah, no te
preocupes, ya se curará, estoy seguro que tú harías
lo mismo por mí.
- ¡Te equivocas
amigo!, -pienso en un destello-, yo no hago NADA por
nadie, o sí si me conviene, porque soy una infame
traidora, falsa y ruín, además de otros adjetivos
que no menciono por la poca decencia que me queda;
la misma que me impide mostrar mis dos manos
perfectamente cuidadas, delatoras de mi maldad; las
mismas que han aprendido a lanzar puñaladas
traidoras en espaldas confiadas.
No mereces ser el
perdedor que eres y de veras que lo siento. Tu
bondad es tan ofensiva, que sería injusta si no lo
reconociera…
Ahora, cuando te des
la media vuelta para marcharte, depositaré el beso
de Judas en tu otra mejilla, te derribaré de un
brutal empujón y mis escrúpulos, se los llevará el
viento…. Estás ocupando el siguiente peldaño que
necesito para mi escalada hacia el triunfo….tengo
que ocupar por méritos ajenos, el lugar que tú estás
ocupando por méritos propios….
Además, eres tan
insignificante, tus valores humanos son tan
prescindibles, que nadie te va a echar de menos.
Comienzas a caer, ya
estás rodando, tu cara no denota sorpresa, y aún me
miras y me ofreces una sonrisa indulgente.
¡Te juro que no
tengo nada personal en tu contra!, solo quiero
triunfar, embriagarme de éxito, ¡afanar poderío!,
que mi alter ego saboree las mieles de la gloria….
….y gracias a la
buena gente como tú, estoy a punto de conseguirlo.
Me resisto a ser una
persona normal, que parió una madre normal, y que
lleva una vida normal.
Soy: UN TREPA.
|