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LA VERDADERA
HISTORIA DE LA CAPERUCITA ROJA
©Inma
Marqueta
Estaba tranquilamente
tumbado con una nueva conquista en mi lecho de hojas
perfumadas, cuando llamaron a mi humilde cubil.
¿Quién es? –
pregunte.
-
Soy Clara, necesito tu ayuda
–contesto.
Antes de que me diese
cuenta, estaba delante de mi con su sonrisa
picarona.
Lupo, he decidido fugarme con
Alberto mi fisioterapeuta, aprovechando la
nochevieja y el cotillón. El problema es que no se
lo he dicho a Lucas, el leñador, al que deje
plantado el día de Navidad, me aburría ya con sus
charlas acerca de la industria maderera y sus
ronquidos de elefante. Así que he pensado que puedes
cuidarme la cabaña y revolcarte cómodamente y
caliente en mi cama. En la nevera te he dejado una
fuente con croquetas y una enorme tortilla de
patata.
Así, si al idiota de
Lucas se le ocurre ir, vera luz y no sospechara; eso
si, tu no le abras. Sólo serán quince días. Besos y
cuídate, ahí tienes las llaves, en el cajón de la
mesilla te he dejado el número de mi nuevo móvil, si
ocurre algo grave me llamas, de lo contrario no.
Y así fue, Sin
comerlo ni beberlo me vi envuelto en esta historia.
Cogí todos mis
bártulos y me trasladé a casa de la abuelita Clara,
como la llamábamos en el bosque, allí me acomode, me
puse la calefacción, su pijama de franela, el gorro
de lana con orejeras y un antifaz contra la luz.
Mientras se calentaba la casa, devore la fuente de
croquetas , me acosté y dormí una buena siesta.
Con lo que no contaba
era con la visita de la cursi y repolluda de su
nieta Caperucita Roja, llamada así por su melena
pelirroja y sus rizos africanos, una muchacha muy
presumida que prefería darse batacazos antes que
ponerse las gafas. ¡Vamos¡ que veía menos que un
topo.
Me despertó en mitad
de uno de mis mejores sueños, con su voz aflautada
dijo:
- Abuelita, abuelita
qué morena estas. ¿No sabes lo malo que es tomar el
sol hasta esos extremos? Te he traído turrón, una
botella de cava y una bandeja de marisco; te lo dejo
todo en la nevera, ¿Has visto lo delgada que estás?
Sólo se te ve nariz y ojos. La nueva dentadura
postiza te queda horrorosa, parece que tengas
colmillos como Drácula. Cuando se acaben las
vacaciones te enviaré a mi protésico dental, es
super super fashion, te va a dejar divina de la
muerte.
Yo
intentando disimular y aclarándome la voz le dije:
No te preocupes pequeña, estoy bien, solamente ha
sido una gripe, por eso estoy en la cama y no me
levanto, aún no se me ha pasado del todo.
Ella me dio un beso en la frente y exclamó: –Bueno
pues, abuelita, me voy antes de que me lo contagies,
tengo cotillón con mis amigos VIP, cuídate esa voz,
la tienes tan ronca que pareces un oso.
–Así lo haré,
pequeña, le conteste.
Y dando un tropezón
con una silla se marchó dando un portazo.
Al fin respire y di
un resoplido, lo que yo no sabía era que Caperucita
iba directamente a ver a Lucas, el leñador, para
darle las llaves de la cabaña y encargarle que me
cuidase mientras estaba acatarrada.
Lucas se como un puso
loco cuando se lo contó. Después de preparar un
delicioso caldo de pollo, vino corriendo a ver a su
Clarita.
Entro desencajado y
nervioso.
–Clarita mía, luz de
mis ojos, hermosa mía, sabía que te tenía que
ocurrir algo, no podía ser que me hubieses dejado el
día de Navidad, deja que te de un beso corderica mía
y no te preocupes de nada. Me acuesto ahora contigo
y te doy calor y así sudas este catarro.
Y cual fue mi
sorpresa que ni corto ni perezoso empezó a
desnudarse y pretendía meterse en mi cama.
No, no, le dije con
voz afeminada, te lo contagiaré, además tengo una
manta eléctrica. Todo esto se lo decía de cara a la
pared para que no me viese. Será mejor que te vayas,
y cuando esté mejor, te llamo. Gracias por el caldo,
luego lo tomo; y comencé a toser escandalosamente.
–¿Qué rara estás
Clarita, corderica mía? ni siquiera me has llamado
pimpollín.
Agarrándome del
hombro me dio la vuelta.
–¡Lo sabía!, gritó
desaforado, me estas engañando y encima con el lobo,
con lo feo que es.¡Que mal gusto tienes Clarita!
Donde te escondes traidora, te encontraré. Tú lobo
salido, marcha de esta cama, ¡So depravado.!
De un salto estaba en
la puerta. Intente decirle que Clarita estaba de
viaje y había dejado la casa a mi cuidado. Por
supuesto que él no me creyó. Corrí, corrí mientras
me perseguía con un hacha en la mano.
Esta es la verdadera
historia de “ Caperucita Roja.” Simple y llanamente
una historia de celos, provocada por la coquetería
de Caperucita y su testarudez de no ponerse las
gafas.
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