II Recital de narrativa "SéBreve"

   Zaragoza 24 de septiembre de 2011

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LA VERDADERA HISTORIA DE LA CAPERUCITA ROJA

©Inma Marqueta

 

Estaba tranquilamente tumbado con una nueva conquista en mi lecho de hojas perfumadas, cuando llamaron a mi humilde cubil.

­ ¿Quién es? – pregunte.

      - Soy Clara, necesito tu ayuda –contesto.  

Antes de que me diese cuenta, estaba delante de mi con su sonrisa picarona.

­Lupo, he decidido fugarme con Alberto mi fisioterapeuta, aprovechando la nochevieja y el cotillón. El problema es que no se lo he dicho a Lucas, el leñador, al que deje plantado el día de Navidad, me aburría ya con sus charlas acerca de la industria maderera y sus ronquidos de elefante. Así que he pensado que puedes cuidarme la cabaña y revolcarte cómodamente y caliente en mi cama. En la nevera te he dejado una fuente con croquetas y una enorme tortilla de patata.

Así, si al idiota de Lucas se le ocurre ir, vera luz y no sospechara; eso si, tu no le abras. Sólo serán quince días. Besos y cuídate, ahí tienes las llaves, en el cajón de la mesilla te he dejado el número de mi nuevo móvil, si ocurre algo grave me llamas, de lo contrario no.

Y así fue, Sin comerlo ni beberlo me vi envuelto en esta historia.

Cogí todos mis bártulos y me trasladé a casa de la abuelita Clara, como la llamábamos en el bosque, allí me acomode, me puse la calefacción, su pijama de franela, el gorro de lana con orejeras y un antifaz contra la luz. Mientras se calentaba la casa, devore la fuente de croquetas , me acosté y dormí una buena siesta.

Con lo que no contaba era con la visita de la cursi y repolluda de su nieta Caperucita Roja, llamada así por su melena pelirroja y sus rizos africanos, una muchacha muy presumida que prefería darse batacazos antes que ponerse las gafas. ¡Vamos¡ que veía menos que un topo.

Me despertó en mitad de uno de mis mejores sueños, con su voz aflautada dijo:

- Abuelita, abuelita qué morena estas. ¿No sabes lo malo que es tomar el sol hasta esos extremos? Te he traído turrón, una botella de cava y una bandeja de marisco; te lo dejo todo en la nevera, ¿Has visto lo delgada que estás?  Sólo se te ve nariz y ojos. La nueva dentadura postiza te queda horrorosa, parece que tengas colmillos como Drácula. Cuando se acaben las vacaciones te enviaré a mi protésico dental, es super super fashion, te va a dejar divina de la muerte.

    Yo intentando disimular y aclarándome la voz le dije: No te preocupes pequeña, estoy bien, solamente ha sido una gripe, por eso estoy en la cama y no me levanto, aún no se me ha pasado del todo.

    Ella me dio un beso en la frente y exclamó: –Bueno pues, abuelita, me voy antes de que me lo contagies, tengo cotillón con mis amigos VIP, cuídate esa voz, la tienes tan ronca que pareces un oso.

     –Así lo haré, pequeña, le conteste.

     Y dando un tropezón con una silla se marchó dando un portazo.

    Al fin respire y di un resoplido, lo que yo no sabía era que Caperucita iba directamente a ver a Lucas, el leñador, para darle las llaves de la cabaña y encargarle que me cuidase mientras estaba acatarrada.

    Lucas se como un puso loco cuando se lo contó. Después de preparar un delicioso caldo de pollo, vino corriendo a ver a su Clarita.

     Entro desencajado y nervioso.

    –Clarita mía, luz de mis ojos, hermosa mía, sabía que te tenía que ocurrir algo, no podía ser que me hubieses dejado el día de Navidad, deja que te de un beso corderica mía y no te preocupes de nada. Me acuesto ahora contigo y te doy calor y así sudas este catarro.

Y cual fue mi sorpresa que ni corto ni perezoso empezó a desnudarse y pretendía meterse en mi cama.

No, no, le dije con voz afeminada, te lo contagiaré, además tengo una manta eléctrica.  Todo esto se lo decía de cara a la pared para que no me viese. Será mejor que te vayas, y cuando esté mejor, te llamo. Gracias por el caldo, luego lo tomo; y comencé a toser escandalosamente.

–¿Qué rara estás Clarita, corderica mía? ni siquiera me has llamado pimpollín.

Agarrándome del hombro me dio la vuelta.

–¡Lo sabía!, gritó desaforado, me estas engañando y encima con el lobo, con lo feo que es.¡Que mal gusto tienes Clarita! Donde te escondes traidora, te encontraré. Tú lobo salido, marcha de esta cama, ¡So depravado.!

De un salto estaba en la puerta. Intente  decirle que Clarita estaba de viaje y había dejado la casa a mi cuidado. Por supuesto que él no me creyó. Corrí, corrí mientras me perseguía con un hacha en la mano.

Esta es la verdadera historia de “ Caperucita Roja.” Simple y llanamente una historia de celos, provocada por la coquetería de Caperucita y su testarudez de no ponerse las gafas.

 

 

 

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