II Recital de narrativa "SéBreve"

   Zaragoza 24 de septiembre de 2011

 volver

  volver a inicio

 

 

  

 

 

 

 

IMPRUDENCIA

©María José Carvajal

                Roberto es un hombre de esos de… treinta y tantos años, que descubrió hace un tiempo, lo que satisfacía al espíritu, eso de ser… ecologista.

                Reciclaba todo lo habido y por haber, e incluso había cambiado su flamante  coche por una bicicleta, por eso de la… consabida contaminación.

                Los domingos habían pasado de ser, un día de descanso y barbacoa, a ser una jornada de ejercicio, casi insano, para el cuerpo de Roberto.

                A  las seis de la mañana cogía su bici y ponía rumbo a lo… desconocido en su brújula, pedaleaba horas y horas, pasando por pueblos chiquitos, de esos que casi no salen ni en los mapas, otras  eran localidades grandes y famosas, donde siempre había algo interesante que visitar.

                Le gustaba parar a comer en sitios pequeños, donde la comida era menos artificial y donde además, solía dar  alguna clase de ecología a los lugareños, intentando que mejoraran algún aspecto de sus rutinarias vidas.

                Un domingo de Julio, de esos que van antecedidos por dos o tres días de puente, Roberto estaba pedaleando como un loco, bajo un sol caluroso y abrasador de las dos del mediodía, cuando se dio cuenta que se había quedado sin agua, no había ningún pueblo cercano, tan solo un bar de dudosa reputación, se anunciaba en la famosa guía esa, de carreteras, que todos estamos hartos de ver anunciada en todas partes.

                Mientras notaba como junto a su sudor , se evaporaban sus fuerzas, logro llegar al susodicho bar, la música se oía desde unos buenos metros atrás, las carcajadas, los insultos, los improperios y las desagradables vozarradas de unos hombres ebrios, se mezclaban en el silencio, estallando sin poder definir lo que era una cosa u otra.

                Decenas de motos, aparcadas en la puerta, esperaban a sus dueños, que bailaban enfebrecidos por el alcohol de sus cervezas. Mientras bajaba de su bici, Roberto, se mordía una y otra vez el labio, intentando por todos los medios impedir, que las palabras que se agolpaban en su garganta salieran de su boca, entro en el bar, compró 2 botellas grandes de agua y se dispuso a salir, cuando cruzaba la puerta empezaron a lanzar los botellines de vidrio al suelo haciéndolos añicos.

                Roberto, que parecía una olla a punto de ebullición, estaba enrojecido por la ira y sin pensarlo dos veces se acercó al aparato de música, que estaba apoyado en la rueda de una de las motos y lo apagó, ante el inesperado silencio, todas las miradas se volvieron hacía él,  temblando como un cascabel pero seguro de sí mismo comenzó a decir:

                               - Ustedes perdonen ¿saben cuantos metros de playa hay que excavar para hacer una sola de esas botellas?

                Los moteros estupefactos, se miraban atónitos unos a otros, sin dar crédito a lo que estaba pasando, de pronto una voz ronca y claramente afectada por el alcohol pregunto:

-                         ¿De dónde ha salido… eso? -Señalando al escuálido Roberto, que como si el comentario no fuera con él, continuo diciendo:

-          Nada os costaría, devolver el casco adentro para que el camarero pueda reciclarlos.

Todos los motoristas estaban  con la boca abierta, incrédulos de ser cierto lo que estaban escuchando. Roberto estaba convencido, de que aquella era su última clase de ecología, pues era consciente, que no viviría para contarlo.

                                       Alguien grito de pronto – ¡A por él chicos!

        Roberto preso del pánico subió a su bicicleta y empezó a pedalear tan rápido, que a lo que los moteros lograron subirse a sus motos, con sus respectivas borracheras, ya no quedaba ni rastro de nuestro ecologista.

Alguien dijo una vez que había dos cosas que le llamaban la atención: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres.

 

 

 

  volver

   volver a inicio