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MICROCUENTOS
©
Francisco Javier Aguirre
Estos textos pertenecen a dos libros de
microrrelatos, aún inéditos, titulados MORITURI y
MICROCLIMAX.
Leerlos espaciadamente.
Era
un niño superdotado. Primero aprendió a escribir,
luego a leer y finalmente a hablar por los codos.
*
Era
otro niño superdotado. Tenía una salud perfecta. A
los tres meses hizo su primera declaración pública,
ante sus padres, sus abuelos y sus tíos. Miró a la
concurrencia sonriente y les dijo a sus parientes
con voz firme, clara y convencida: ‘Soy un
moribundo’.
*
Se
realizaba una operación estratégica de la policía
para desbaratar un complot. Cuando uno de los
terroristas resultó dañado y malherido en el
enfrentamiento con las fuerzas del orden, hubo
enormes protestas por parte de la asociación
internacional protectora de animales.
*
Hacía muchos años que había cambiado la moda y toda
la gente iba vestida en público con enorme decoro.
En vista de ello, el dueño de la boutique decidió
dejar sin trabajo para siempre a los maniquíes del
pasado, del presente y del futuro aunque fueran
desnudos por la calle.
*
Llevaba años investigando en secreto con cenizas
masculinas que conseguía dificultosamente en un
crematorio, después de convencer a un enterrador
corrupto que, previo pago, le entregaba pequeñas
cantidades de polvo tras la incineración de los
varones que fallecían antes de cumplir los 50.
Sorprendieron al empleado y lo expulsaron del
tanatorio. El investigador, que acaba de cumplir 49,
no logró sobornar al sustituto. Lo intentó
inútilmente varias veces, hasta que la firmeza del
funerario le hizo desistir. Entonces decidió
proseguir la investigación con sus propias cenizas.
*
Quería ahorrar al máximo cuando llegara su momento,
pero sin contrariar a su familia ni alterar los usos
sociales. Caviló en la mejor forma de hacerlo y
llegó a la conclusión de que la salida era recurrir
a una empresa de desguaces. Pero nadie ha encontrado
jamás un furgón funerario en un cementerio de
automóviles.
*
Entró en el retrete. Cuando fue a cerrar la puerta
vio un folio pegado en ella. Decía: No es por ti,
pero si te giras, verás la escobilla a tu izquierda.
Volvió la mirada y vio la escobilla sobre su
soporte. Desplazó cuidadosamente con el pie derecho
el conjunto higiénico hasta el otro lado de la taza
y añadió en el folio: ¿Eres zurdo?
*
No
podía moverse. Un oscuro ardor en las ingles le hizo
sospechar que estaba cambiando de sexo
espontáneamente. Tuvo dos ideas simultáneas: llamar
a una facultad de medicina y a un programa de
televisión cañero. Cogió el teléfono. El problema
era en qué orden.
*
Lo
dejó grabado y firmado a babor para que su memoria
fuera venerada cuando se recuperara el barco tras el
naufragio: ‘El mareo es un turbio deseo estomacal de
llegar al punto de partida’.
*
Le
gustaban los procedimientos artesanos para
comunicarse. Cierto día quiso enviar una carta
manuscrita a su hermano que se encontraba en
América, al otro lado del océano. Cogió el mensaje,
lo metió en una botella, la lacró, se acercó a la
orilla y la lanzó al agua. Antes había metido dentro
también una paloma mensajera para que la botella no
perdiera el rumbo.
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