Recital de narrativa "SéBreve"

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SUMISA

© MARBEL MIR (CARLOTA)


Me permito la sumisión un día por semana. Es un juego fascinante y morboso que me deja unas horas expuesta, vulnerable, sudorosa. Humana. Da igual quién sea mi oponente, aunque me gustan especialmente los hombres atormentados, de ojeras oscuras, perfume de esencia de Loewe mezclado con su sudor particular y esqueleto maltratado por el tiempo. Ellos suelen llevar peor el salto a la madurez. La misma que me ha permitido a mí pisar cada día más fuerte y apreciar, por fin, la eficacia de mi crema hidratante. Me gusta cambiar de pareja a menudo cada noche. Me empapo de su olor y de sus manos sudorosas y sé que, en cada cambio de pareja anunciado y ejecutado al momento, me acogen en sus brazos con deseo. Les gusta hacerlo conmigo porque soy manejable, dispuesta, atenta a sus instrucciones, gracil, casi etérea. Y ellos creen que todo esa sincronía de movimientos se debe a su buen hacer. Yo dejo que lo crean. "Mira chica, aquí son ellos los que mandan, así está establecido". Ésta fue la sentencia que me espetaron el primer día. Es un placer que alguien piense por mí, que no tenga que controlar ni que dirigirlo todo. Someterme. Y en cada sesión me descubro a mí misma un poco más. Me dejo llevar. Y sueño que ese cuerpo sudoroso que apenas me conoce y me respira podría ser cómplice de tantas cosas conmigo. Tal vez lo es. Dos horas por semana en la academia de baile Los Latinos.

 

 

 

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