Recital de narrativa "SéBreve"

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Tribulaciones de un escribidor en Zaragoza. (O cómo disfrutar de los amigos)

© AMANDO CARABIAS MARIA

http://amandocarabias.blogspot.com

 

Ustedes perdonarán mi retraso y el tremendo abandono en que tengo este rincón. Tampoco sé cómo me pondré al día, aunque ¿qué significa eso de ponerse al día? Por no saber, desconozco si retornaré a los ritmos medidos a los que estábamos todos acostumbrados este escribidor y sus pacientes lectores. Muchos proyectos, todos muy interesantes y otras ocupaciones, además de cierta sensación de estrés, me obligan a intentar dosificarme.

Si es que puedo y sé.

En fin, mejor no desesperarse por nada y dejar que las cosas sucedan a su propio ritmo y con su propia cadencia.

Pero no venía yo por aquí para darles la murga con mis cuitas blogueras, sino para hacerles partícipe de mi último fin de semana en Caesar Augusta, más conocida por Zaragoza, donde nos esperaba Anabel Consejo, quien forma parte del grupo 7 plumas y que nos había invitado al primer recital de narrativa breve SéBreve, organizado por 3de3 Liter-Art, grupo de quien también forma parte junto con Pilar Aguarón y José Antonio Prades. Aún así, y a pesar de todo, demoraré el ritmo de la crónica, convirtiéndola en un pedacito de diario.

 

Viernes, 1 de octubre 2010

Muchas veces lo importante no es la meta, sino el camino. Esta idea se ha dicho de muchas maneras y este fin de semana este escribidor lo ha experimentado en carne propia.

Verán ustedes, el viernes a eso de las dos de la tarde se puede decir que comenzó el encuentro de 7 plumas. Este escribidor había llegado al Aeropuerto internacional Madrid-Barajas un par de horas antes, desde Segovia. La puntualidad de la combinación autobús-metro desde Segovia a Madrid fue máxima. En los andenes del metro de la capital no tuve que esperar ni un solo minuto y tuve que tomar dos metros, el que me llevó desde Moncloa a Nuevos Ministerios, y en esta estación el que se dirige raudo hacia el aeropuerto.

A pesar de las dudas de algunos (la mía en primer lugar), habíamos alquilado una furgoneta de nueve plazas para hacer el trayecto Madrid-Zaragoza. Lo cual, para muchos era un poco tonto, puesto que ya existe AVE entre ambas ciudades. Sin embargo se decidió lo de la ‘furgona’, como dice Marcos Alonso y uno acató la decisión mayoritaria con alegría, eso sí, previo aviso de que no tomaría el volante del vehículo, pues no poseo (como ya saben los lectores más veteranos de este rincón) ningún tipo de licencia que me habilite para semejante acto. Salvo conducir carritos de compra y coches de bebé, nunca he guiado vehículos de ninguna clase, ni siquiera una bicicleta.

Estuve convencido desde el primer día en que empezamos a preparar este viaje (no recuerdo hace cuántos meses) que sería una experiencia fantástica, además de ser completamente imprescindible, tal y como va la novela de 7 plumas. Y cuando nos abrazamos en la T-1 del aeropuerto, sentí que me reencontraba con viejos amigos, y eso que era la primera vez que nos veíamos en carne y hueso.

La primera sorpresa de este viaje nos la dio la casa de alquiler de vehículos, pues había dispuesto para nuestro uso durante el fin de semana de un vehículo de color púrpura. Esto nos pareció una señal. Aunque yo pensé que probablemente el encargado es lector de 7 plumas y sabe de la existencia del grupo Purplestone.

Una vez que nos pusimos en marcha el tiempo dejó de contar. Lo importante era el viaje. Sólo me di cuenta más tarde, pero creo que en la mente de Francisco Concepción instigador de la idea de la furgoneta, estaba desde el primer momento ese objetivo. Dejar que el amplio y cómodo habitáculo del coche sirviera como sala de estar de una casa.
Una especie de larga sobremesas... Claro que primero hacía falta comer.

La primera parada, fue a escasos cincuenta kilómetros de la salida. Guadalajara. A la entrada de la ciudad alcarreña aparcamos y nos dedicamos a pasear, avenida abajo, hacia zonas más céntricas donde poder comer. La comida (que no será recordada por su exquisitez, aunque sirvió para aliviar esa hambre) fue larga y relajada.

Cuando Dácil Martín dejó su lugar al volante, en una estación de servicio de la provincia de Soria, hicimos otra parada. A penas habían transcurrido unos cien kilómetros más. La conversación, poco a poco, fluía con la velocidad propia que otorga el aumento de la confianza y el ambiente que se genera en un espacio compartido y sin otras interferencias del exterior, salvo alguna llamada al móvil de algún familiar o amigo. Paulatinamente la novela, nuestra novela, fue tomando protagonismo de nuestras palabras.


La cosa empezó con los comentarios sobre los lectores, sobre su fidelidad, sobre su trabajo e influencia en el propio destino del texto de la novela. Mientras la tarde se arropaba y descendía la iluminación para acurrucarse en brazos de la noche, se continuó con la entrevista que
Ana Joyanes e Inma Vinuesa intentaron hacer sobre mí, para que revelara los misterios que se encerraban en el capítulo 45
del relato. Salí bastante indemne de su tentativa, con algunas respuestas vagas y no revelé casi nada de lo que había escrito y se publicaría en la tarde del domingo.

 

Nos fue oscureciendo en territorio aragonés, poco después de que Dácil viese un unicornio en el cielo de la meseta, que más parece en esa parte de su lindero nororiental una llamada a las caricias, por lo ondulado y solitario del paisaje.

 

Tras superar algún atasco propio de las entradas a las grandes ciudades un viernes y la sorpresa de algunas obras que modificaban las direcciones de la ruta a seguir, llegamos al hotel. La única damnificada de este viaje tan tranquilo para nosotros, fue Anabel, que hasta casi las nueve de la noche no pudimos ver y besar.

 

Ya estábamos los siete juntos, por fin.

Y con ella, aparecieron sus socios Pilar y José Antonio. Repito, los tres juntos forman el grupo 3de3 que era el organizador del recital al que acudíamos con toda ilusión y ganas. Y por tanto, conocimos a otros dos escritores que, además son personas espléndidas, como nos demostraron desde esa noche y hasta el sábado en la madrugada, ejerciendo no sólo de anfitriones, sino de verdaderos compañeros.

 

Tras una ducha rápida, paseamos por la Plaza del Pilar, nos asomamos al Ebro, junto al Puente románico de piedra, contemplamos de cerca el Ayuntamiento, la Lonja, La Seo, para acabar en El Tubo zaragozano, donde ya bullía la fiesta. Allí mismo otro grupo de escritores y críticos disfrutaban de una magnífica noche, extraña para la ciudad maña a estas alturas del año.

 

Tras el tapeo al aire libre, en medio del bullicio, Anabel, por fin, consiguió que encontráramos un hueco para hablar de la novela (uno de los tres objetivos del viaje). Obviamente, al menos por mi parte, ustedes entenderán que calle el contenido de tan sesudas deliberaciones entre cafés y cervezas. Sólo diré una cosa: no hemos roto el espíritu con el que nació este proyecto. Por tanto, si el principio de esta aventura arrancó tras un sorteo, otro sorteo, esta vez dirigido por Pilar, ha dictaminado su final, del que solo sabemos autor@ y fecha.

Pura coherencia.

 

La noche maña, a pesar de la doble ventana de la habitación del hotel, se colaba con contundencia en mi habitación. En Zaragoza los jóvenes disfrutan de la madrugada, como si siempre fuera Nochevieja.

 

Sábado, 2 de octubre 2010

La mañana del sábado amaneció encapotada. A las ocho y media, las calles todavía soportaban los desperdicios de la juerga nocturna. Cazcaleé por la Basílica del Pilar, donde contemplé a un grupo de monaguillos engalanados con su sotanilla roja y su casulla blanca, entré en una de las capillas laterales de La Seo, pasé bajo el Arco del Deán, saludé a los primeros hinchas asturianos que habían llegado a Zaragoza para ver al Sporting de Gijón jugar (y empatar) contra el Real Zaragoza, volví hacia el Ebro y justo cuando estaba en el puente de Piedra, contemplando el lento discurrir de las aguas, recibí un mensaje en que me decían los compañeros que ya estaban en el comedor, desayunando. Volví al hotel y compartí café y buen humor con ellos. En poco tiempo, Anabel y Pilar se encontrarían con nosotros, para ir a la emisora de radio municipal de Cuarte de Huerva, a unos quince kilómetros de la capital, donde el grupo 3d3 también realiza un programa semanal relacionado con la literatura y que se emite los viernes al mediodía.  (Otro de los objetivos del viaje).

 

En el trayecto hasta la emisora, Pilar Aguarón ejerció de guía improvisada y apasionada, y nos informó de esos detalles de una ciudad que se escapan a los libros y a los guías turísticos y añadía anécdotas personales. Mientras tanto, delante de nuestra furgona púrpura, José Antonio, en su vehículo, nos sacaba de Zaragoza camino de Cuarte de Huerva.


Son anchas las avenidas para la circulación en Zaragoza. El tráfico, como en tantas grandes ciudades, se ha convertido en el protagonista de la vida urbana. Allá tal iglesia, acá tal edificio, un poco más allá el límite de la ciudad en 1808, justo cuando Zaragoza aguantó dos sitios del ejército francés, con tanto heroísmo épico, que después del segundo, las tropas de Napoleón, vencedoras del episodio a pesar del heroísmo de Agustina de Aragón, trataron a los zaragozanos con admiración y respeto.


En este trayecto descubrí con sorpresa y envidia la extensión y belleza del Parque Grande. En este caso, y a pesar de la fama maña, puedo asegurar que el nombre se ajusta perfectamente a la realidad, si es que no se queda un escaso.
El sol había vencido a las nubes y la jornada se volvió cálida, casi calurosa.


Ya en el pequeño estudio de la emisora, un tabuquillo cuadrado, asistimos a la grabación de dos programas del grupo
3d3. En el primero se comentó y promocionó la última novela de Pilar Aguarón, Hueles a sándalo, que fue presentado el pasado día veinticuatro de septiembre, si no entendí mal. Por el fragmento que leyeron la propia autora, Anabel y José Antonio, llegué a la conclusión de que tiene pinta de ser muy interesante. Trata de una historia de amor/desamor extendida en el tiempo contemporáneo, desde la Transición a nuestros días, pues se habla de la guerra de Irak y de Afganistán, lo que le permite a Pilar reflexionar sobre la evolución y la situación española, al tiempo que ahonda en la historia de esta pareja.


A continuación, tras un breve descanso, Elena, la conductora del programa, con la inestimable colaboración de Anabel nos hizo una entrevista de una hora. La primera parte de la entrevista consistió en la presentación a cada uno de los componentes de 7 plumas. Este fragmento la construyó Anabel en su totalidad. Así que buen trabajo se llevó la buena de Anabel. En la segunda parte se habló de la aventura que supone escribir esta novela, y creo que se nota perfectamente lo ilusionados que estamos con el proyecto. Cuando la entrevista sea emitida y esté colgada en Internet, prometo hacer el correspondiente enlace para que quien lo desee pueda escucharla.


Aquí quiero dejar especial mención a la profesionalidad y buen hacer de Elena. No sé si me equivocaré, pero sin desmerecer en nada a la emisora municipal, creo que está llamada a progresar en el mundo de las ondas.

 

Tras una rápida comida y velocísimo cambio de vestimenta, acudimos en un raudo taxi conducido por un taxista al que no le debe gustar esperar, al Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter, donde se iba a celebrar el recital "SéBreve", el otro gran objetivo del viaje.


El Centro Cívico se ubica en una plaza cerrada y amplia. Se trata de un espacio moderno, sin estrecheces, confortable, donde se desarrolló con toda brillantez el recital en el que bajo el signo del relato breve se leyeron textos de personas llegadas desde Canarias, Lérida, Segovia, Madrid y, por supuesto, Zaragoza.


La acústica del teatro de este centro, que cuenta con muchos más espacios e instalaciones, es fantástica. El acto fue llevado con sencillez y agilidad, a pesar de la duración que estaba prevista. Sobre el escenario, Anabel, José Antonio y Pilar hicieron de anfitriones y presentadores de la mayoría de personas que subimos a leer nuestros textos. El acto contó como conductor al periodista de Aragón Radio Javier Vázquez, periodista zaragozano de amplia sonrisa, ilusión contagiosa y gran dominio de la voz y el gesto.


Disfruté de una diversidad amplia de textos y estilos. Además, a cada participante, los organizadores nos obsequiaron con libros, una libreta, un diploma. Parte de los textos leídos en el acto ya se pueden consultar
aquí
.

 

Pero no sólo fueron textos encuadrados en el género del microrrelato o minirelato. Hubo poemas. También hubo teatro leído excepcionalmente en las dos ocasiones, tanto la versión del texto la obra de Miguel Hernández El labrador de más aire, leída-interpretada por Javier Vázquez, Petri Vadillo y Maribel Valle, como el fragmento de Bodas de Sangre de  Federico García Lorca, a cargo de Piluca Falo Villanueva, prometedora y joven actriz aragonesa. Además Julio Donoso representó uno de sus monólogos. Asimismo el cantautor Mario Iriarte interpretó dos de sus temas.


Fueron casi cuatro horas, pero, como todos dijimos a la salida, se hicieron ágiles.
Y por si todo fuera poco, como guinda, tuve la suerte de conocer en persona a nuestra amiga
Neko, una de las comentaristas de este blog, que, muy bien acompañada, asistió a todo el acto y tuvo el detalle de regalarme una rosa hecha de papel. Una ‘manitas’ nuestra amiga, no como otro que yo me sé.

 

A la vera de una de las torres del Pilar, muy cerca del hotel, cenamos junto con un buen grupo de los escritores zaragozanos. Gracias a la iniciativa de Carlos Agorreta, nos mezclamos los grupos, y así pude departir con José Antonio Prades, María Otal, la propia Pilar Aguarón, Ester (esposa de José Antonio), Carmen Molinero y Belén López.

 

El viento se hizo niño revoltoso y díscolo y, poco a poco, la noche fue entrando en ese fresquecillo más propio de las fechas indicadas por el calendario. La cena fue lenta debido a circunstancias que no vienen al caso, lo que implicó que la charla se hiciera especialmente amplia también.

 

Por desgracia, Anabel ya se había marchado a su ciudad de residencia habitual, y no pudimos compartir con ella las copas de cava que, hacia las tres de la madrugada, cerraron esta jornada tan cargada de momentos para el recuerdo.


 

Acabará mañana.



Los de 7 plumas, a la salida de un bar maño en la madrugada del viernes al sábado.

 De arriba abajo y de izquierda a derecha: el escribidor, Marcos Alonso, Francisco Concepción.

Dácil Martín, Ana Joyanes, Anabel Consejo e Inma Vinuesa.

(Foto tomada por Pilar Aguarón Ezpeleta con el móvil de Francisco)

 

Con el sueño jugueteando por nuestros ojos, el domingo se tiñó de risas y melancolía. Se cerraba la estancia, y teníamos que retornar a nuestra cotidianidad, ésa que convierte en momentos mágicos e inolvidables este tipo de jornadas que se salen de su cauce.

Como no podía ser menos, la novela volvió a ser protagonista de nuestras conversaciones. Y llegaron a producirse momentos hilarantes que, sin embargo, no se pueden relatar, aunque a estas horas existe una versión muy divertida que se debe a Ana Joyanes y que ha ejecutado un trabajo inestimable. Se puede leer aquí.


Estos momentos de distensión son propicios para conocer a quien está a tu vera, y realmente uno descubrió que se encuentra muy cerca de personas con muchas cualidades.


Francisco tiene el don de materializar las ideas. Para ello ejerce el liderazgo potenciando las virtudes del equipo del que se ha rodeado. Nunca, hasta donde he visto, se impone; él expone su idea y deja que los demás la enriquezcan, según su particular visión.


Inmaculada es la ilusión hecha sonrisa. Dice que es la benjamina del grupo por experiencia literaria, pero sus empujones de optimismo se contagian a todos, como su risa gaditana, y quizá porque está en esos comienzos desborda de ganas y de hallazgos.


Ana Joyanes es apasionada y se entrega a lo que hace al ciento diez por ciento. Su sensibilidad es poco frecuente, pero viene acompañada de un sentido del humor envidiable. En esta jornada dominical, por ejemplo, me hizo sonrojar al comentar al resto del grupo su lectura de uno de mis libros.


Dácil Martín es la reflexión sosegada y sensata, que no se detiene hasta no encontrar la coherencia en lo que se hace. Sabe escuchar con atención y paciencia. Y cuando habla, normalmente se ha cargado de razones, por lo que es casi imposible hacer otra cosa que darle la razón, pues suele tenerla.


Anabel Consejo es exigente consigo misma, creo que demasiado, y es sensible, mucho más de lo que aparenta, y su capacidad de trabajo también está fuera de toda duda. En sus letras, de las que espero hablar en poco tiempo, la sensualidad explota como un río inabarcable.


Marcos Alonso es la ironía tranquila. Ha sido el causante de muchas de nuestras risas durante estos días. Pero esta ironía se esparce en la dosis adecuada. Lo que denota una capacidad de análisis y de inteligencia poco frecuentes.


Abandonamos Zaragoza. La furgoneta dejó a su derecha las ruinas de una casa romana y la iglesia de San Juan de los Panetes, junto a la que había paseado a primera hora de la mañana y de la que había contemplado su torre torcida, y enfilamos hacia la circunvalación camino de la A-2

A la altura de Medinaceli, ya en la provincia de Soria, descubrimos que el otoño ya ha enviado sus primeros embajadores que ocupan y doran las hojas de los álamos. El día, en lo meteorológico, se tornaba plomizo y frío. La borrasca que habían anunciado ya llegaba a la zona centro de la Península y es como si la furgoneta púrpura se adentrara en sus entrañas.

Teníamos otros planes, pero el reloj se convirtió en un asalariado de un señor llamado Contratiempos. Alguien mezquino y que puede convertir en losa, lo que había sido una experiencia maravillosa. Por suerte, todo quedó en eso, en una zancadilla de Contratiempos que simplemente nos desequilibró un poquito. Y creo que ahora nos reímos...

La llegada al aeropuerto de Barajas, fue como un pedazo de literatura surrealista entre Miguel Mihura y los hermanos Marx, y por momentos pareció que habíamos entrado en un laberinto de difícil salida. Tuvimos conciencia de que estas grandes ciudades y sus macroinstalaciones están pensadas para que la máquina implacable impida cualquier atisbo a la flexibilidad. Todo se rige por la precisión irracional de la tecnología. La metáfora y la risa son adornos impropios del desarrollo, que parece construido únicamente para la exactitud fría, el cumplimiento inflexible.

Por suerte, y a pesar del cansancio (que es uno de los mejores aliados de este personaje indeseable), la ilusión no fue derrotada por estos inconvenientes de última hora. Por suerte, todo concluyó de buena manera. Marcos tomó sin problemas su avión rumbo a Las Palmas, el primero en surcar el cielo. Tras el último abrazo a mis amigos tinerfeños, Inma, Ana, Dácil, Francisco, mis pies pusieron rumbo hacia el metro de Madrid. De nuevo la precisión y la velocidad del primer día me pusieron en la estación de Príncipe Pío en muy poco tiempo. Ellos, sin embargo, tuvieron una hora de retraso en su vuelo.
A las siete y media de la tarde subí al autobús que me dejó, antes de las nueve, en Segovia, sumida en el vendaval y la lluvia racheada. Dentro de la maleta un puñado de nuevas ilusiones, algunos libros y la esperanza de que estamos a punto de cumplir con un sueño, el sueño de culminar la escritura de una novela hecha a
siete manos, a 7 plumas.

 

 

 

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