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LAS PALABRAS
©
CARMEN MARQUETA
Benditas palabras
que me brindan la posibilidad de jugar, reír, soñar
y hasta llorar.
Con ellas creo
infinidad de combinaciones que auxiliadas por la
imaginación, puedo contar cuanto quiera a quien me
escuche; incluso en solitario, cuando el silencio
deja de perturbar mis emociones.
Así es, puedo ser lo
que desee: Un sol; la luna en un cielo estrellado;
cómplice de los enamorados u otro cielo nublado en
una noche espantosa en la que los muertos se
levantan. Puedo transformarme en un ser guerrero, un
pirata, una princesa o vagabundear solitario por la
ciudad eterna de un sueño inacabado. Y cómo no,
luchar contra el mal o para él.
Si quiero, puedo
surcar los mares en busca de tesoros sumergidos, o
asaltar algún barco que ya los ha encontrado; lucir
bellos vestidos y bailar en reales salones con un
príncipe azul, o desnudarme en la miseria,
públicamente sin un bocado de pan que llevarme a la
boca.
También viajar a
lugares paradisíacos, flotar y saltar de nube en
nube o descender al centro de la tierra hasta
encontrarme con las llamas del infierno.
¿Cómo no? encontrar
el pasadizo que pienso hay en los bosques donde unos
duendecillos, diablillos y otros seres fabulosos me
esperan y muestran su gratitud por visitarlos.
Doy gracias por
poseer uno de los grandes dones que disfrutamos los
seres humanos: “Comunicar tu intimidad, tus
ilusiones, pasiones y emociones a todas las personas
que de una u otra forma nos quieran escuchar”.
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