Recital de narrativa "SéBreve"

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LAS COSAS DE LUCI

© CARMEN MOLINERO

Lucifer es un gato negro negro, como esos que  inspiran desconfianza en las películas de terror; tiene una penetrante mirada verde,  y sus brillantes ojos, destacan con la tonalidad de su pelaje oscuro, suave y esponjoso, haciendo que su aspecto espeluznante a primera vista, invite a un acercamiento más amigable en las distancias cortas.

     Cínico, relamido y granuja como no haya otro, trepa con habilidad por donde menos te lo esperas siendo el terror de abuelos, tíos, sobrinos, y demás parentela que circule por la casa... El muy ladino,  ha aprendido a abrir puertas lanzando sus patas sobre la manilla, salta sobre cualquier superficie que esté a su alcance y desde allí me saluda ofreciéndome el hocico.

   Le gusta ir a su bola, ajeno a todo y a todos, caminando con ese aire chulesco propio de los felinos.

     Al grito de: Luciferrrrrrrrr!!!! hace como si no me oyera, pero bien que mantiene la guardia con las orejas tiesas y el lomo encrespado  manifestando su enfado plantándome cara con un gruñido: ggrrrrrrrrrrr!!!!!.

    Educado a la antigua usanza, me trata con la fidelidad más absoluta  respetando por ambas partes nuestros dominios; bueno...vamos a decir que yo respeto un poco más el suyo que él el mío, sobre todo cuando acude al sofá para marrullearme, o afilarse las uñas.

   Nos adoramos mutuamente, aunque creo que Luci, un poquito más que yo a él. Tiene un  buen carácter mientras no se le lleve la contraria y en estado de placidez -que suele ser la mayoría de las veces-,  ronronea patas arriba mostrándome su barriguda panza reclamando atención y mimos.

     A veces me da que pensar su forma de comportarse, sus extravagancias y salidas de tono le hacen ser un gato fuera de lo común, y su extraña personalidad hace que sea un gato muy diferente a todos los demás.

     No sabe hablar, pero lee mucho, o eso me gusta imaginar cuando lo encuentro husmeando por entre mis libros retozando con mis gafas de lectura. Juntos entablamos largas y sesudas conversaciones, cada cual a su modo, -eso sí-- También sabe sonreir y en las noches  claras, con las pupilas dilatadas en la oscuridad, le gusta maullar suavemente a las estrellas a la luz de la luna: ñiuuuuuu,ñiuuuuuu, ñiiiuuuuuuuu..

     Un día de tormenta lo sorprendí pegado al cristal de la ventana observando la lluvia, los truenos retumbaban por toda la casa y de vez en cuando, un rayo iluminaba la estancia. Me acerqué sigilosamente a él por detrás y lo llamé:

-¿Luci?

-Mmmgggggggrrrrrr me respondió.

-¿no tienes miedo?

-¿miedo? ¿por qué? Me dijo tranquilamente sin apartar la mirada de la ventana.

-Pues... no sé, Luci, pero los gatos suelen tener miedo a las tormentas.

 

Un trueno largo,y  ruidoso interrumpió por unos segundos  la conversación

-¿Sabes Luci?,  en estos momentos otros gatos como tú  estarán temblando de miedo bajo los contenedores de basura, encogidos, mojados y muertos de frío.

Pasó  un largo minuto de silencio, y al cabo me respondió:

-Lo sé, lo sé -me dijo en un maullido- pensaba en ellos

-¿Sabes Luci?, creo que eres un sentimental incorregible, y un gato muy extraño. 

    Cuando escucha el tintineo de mis llaves, acude a toda velocidad a recibirme, salvo que esté enfrascado en alguna de sus fechorías....

-uuummmmm, que raro que Luci no esté por aquí olisqueando mi llegada, pensé un buen día

-¿Luci? –llamé-.

 

Pero Luci no acudió a mi llamada.

      -    Algo malo está pasando, -me dije- 

     Lo busqué por todos los rincones de la casa, en la terraza, en el baño,  busqué en los armarios donde suele esconderse para prepararme emboscadas, pero Luci no daba señales de vida. 

     - ¿Luci? llamé varias veces sin obtener respuesta alguna.

     Desesperada, entré en el cuarto de la música, único lugar de la casa donde le tengo prohibida la entrada sin mi presencia....y me costó dar crédito a lo que mis ojos estaban contemplando:

-Luciferrrrrrr!!!!..... exclamé montada en cólera al ver como el gato se apretaba los auriculares contra sus orejitas mientras seguía el ritmo de la música, canturreando y moviendo la patita como queriendo dirigir una imaginaria orquesta: miaaaauuuuu miaaau, miiiau miau miaum miau miau miau miau....

Lucifer seguía sin escucharme. 

 De un tirón le arrebaté los auriculares para que se percatara de mi presencia.

-Acaso te has vuelto loco Luciferrrrr!!!!! exclamé algo más calmada..

 -Ei! déjate de tonterías y devuélveme los cascos por fa. –protestó-

 

 De manera natural me dio por sonreir, y antes de devolverle los auriculares, tuve la curiosidad de saber que música estaba escuchando.... me quedé pasmada cuando comprobé que se trataba de la mismísima Callas, interpretando una de mis arias favoritas...

Comprendí que irremediablemente, Luci estaba hecho de otra pasta que el común de  los gatos y precisamente por eso no puedo dejar de quererlo. 
 

 

 

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